El misterio de los etruscos

Todavía hoy se sigue hablando del «enigma etrusco», la floreciente civilización que se desarrolló en Italia, entre finales de la Edad del Bronce (siglos X-IX a.C.) y el siglo I a.C., cuando se produjo su definitivo sometimiento a Roma. Sus peculiaridades etnográficas y lingüísticas, así como religiosas, políticas y culturales, les confirman como un pueblo diferente de los demás de la Italia antigua.

Los orígenes

Las dudas sobre su procedencia ya asaltaban en la Antigüedad al historiador griego Herodoto, quien afirmaba que era un pueblo que había emigrado desde Asia Menor y se había establecido en la Toscana. El misterio continuó en la época del emperador Augusto, Dionisio de Halicarnasó, quien sostenía la idea que se trataba de habitantes autóctonos, y no se ha solucionado en nuestros días.

En la actualidad, la «cuestión etrusca» sigue abierta. Su procedencia y el origen de su lengua, así como su extraordinario desarrollo cultural han sido siempre una incógnita. Pese a todo, los numerosos estudios realizados en los últimos años han permitido conocer un poco mejor este pueblo.

Su poder estuvo determinado al parecer por la explotación de tierras muy fértiles y por la presencia en su territorio de prósperos yacimientos mineros, además de por su intensa actividad comercial.

De hecho, la precocidad de los contactos y los intercambios de los etruscos con el mundo griego y grecooriental fue básico para su desarrollo económico, sino también para el cultural. En efecto, la llegada de refinados productos de importación y la consiguiente asimilación de usos y costumbres de pueblos que ya habían alcanzado un alto grado de civilización propiciaron el rápido desarrollo etrusco.

El nacimiento de la aristocracia

Tanto es así, que este pueblo tuvo ya desde el siglo VIII a.C. un ordenamiento de la sociedad basado en la diferenciación económica. El triunfo de una elite aristocrática, en cuyas manos se concentraba el poder político y religioso, tiene su origen en las riquezas acumuladas gracias a la posesión de la tierra, el control de dichos yacimientos mineros y el monopolio de los intercambios culturales. En esta nueva estructura social se consolidó el papel paritario de las mujeres de alto rango, que se reservaban las labores de hilado y tejido y la custodia de las riquezas y los bienes acumulados.

La época de los príncipes

Entre la segunda mitad del siglo VIII y principios del IV a.C. el periodo llamado «orientalizante», nace y se consolida el poder de los príncipes. El aprovechamiento cada vez más «moderno» y eficiente de sus yacimientos atraería a griegos y fenicios, interesados en establecer contactos e intercambios entre el mundo oriental y el occidental.

Por medio de las relaciones comerciales llegan a Etruria los estilos y las costumbres de la fastuosa y refinada vida de las cortes orientales, pronto asimilados por las clases aristocráticas. Los príncipes etruscos consumen vino como los griegos y exhiben objetos de prestigio, especialmente valiosos, para hacer ostentación de su riqueza.

Estos príncipes guerreros, conocidos sobre todo por la documentación que nos ofrecen sus tumbas y ajuares funerarios, dejaron amplios testimonios de su poder en singulares objetos de bronce y otros materiales preciosos.

De esta época podemos observar también la orfebrería de oro, con bellísimos apliques, y documentación que atestigua el conocimiento de la escritura entre las capas sociales más altas, como abecedarios y las inscripciones de dedicatoria o de posesión grabadas en recipientes de búcaro o marfil.

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Una Respuesta a “ El misterio de los etruscos ”

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